miércoles, 18 de abril de 2007

Sin Consideraciones

No estoy seguro de saber cuándo comencé a darme cuenta de la gravedad que pueden tener los problemas familiares, si hasta hace poco tiempo estaba terminando mis estudios secundarios y sentía tener una vida sin muchas responsabilidades, casi como el gato de mi madre, que duerme, come y no hace otra cosa más en todo el día. Hoy, más que ignorar ciertas actitudes y regaños que me paso escuchando en todo momento, intento cambiar el aspecto malhumorado de los actos sinsentido que poseen mis padres, hasta el punto de saber que por más que trate de conseguir algo que ciertamente es poco probable, lo sigo haciendo…

Es evidente la incapacidad que muchas veces puede tener un hijo al intentar comunicarse con sus padres, aun cuando sientes que estas hablando en otro idioma para ellos o sientes que estas viviendo en una casa ajena, donde la mayoría de las cosas que haces y dices son incorrectas solamente porque ellos no lo relacionan de la misma manera y si nuestros actos y actitudes se mantienen firmes, te transforman en un niño problema, un total rebelde que a juicio de ellos no respeta en absoluto su manera de ver las cosas. Seguramente siguen creyendo que eres “un niño”, que no puede tomar sus propias decisiones, ni menos ayudarlos a ellos, es como si pensaran que todo va a salir mal, por el motivo que sea, el que esté de turno, hecho que ha llegado a desconfiar hasta de uno mismo y cuestionarme si realmente estoy consciente de lo que estoy proponiendo, pero me aventuro y puedo decir que ni siquiera asimilan la magnitud de lo que uno puede aportar. Por muy difícil que sea entender lo que un hijo o un padre pretenda, el asunto es ceder y seguir intentando en vez de juzgar y oponerse a lo que los demás puedan desear. Es fácil aferrarse a lo conocido y creer que si te mantienes constantemente en lo mismo vas a tener las mismas retribuciones que tuviste en algún momento, pero no es así, con el paso del tiempo todo va a ir cambiando, de manera suave o brusca, en el grado que sea, debemos adaptarnos a este giro, aprendiendo, cayéndonos y levantándonos cuantas veces sea necesario, con gente distinta, en lugares distintos y por qué no hasta el punto de hacer algo totalmente incomparable con lo que hacías antes. Hay muchas cosas que se desgastan simplemente porque nuestras necesidades van a ir cambiando y al cabo de un tiempo ya no las necesitaremos como alguna vez precisamos.


Si bien no es fácil caer en gracia a las personas que interesan con respecto a lo referido, supongo que no podrá ser más que una reflexión. El peso de no comunicarse afecta no solo lo que hacemos, si no lo que no nos permite realizar. No es simplemente ahogarnos en excusas y borrones y cuenta nueva, es más valioso un simple gesto de interés y motivación. Sin embargo sigue pesando más la desdicha, la incapacidad y el desinterés, lo que hace perder todo deseo de progreso y prima la ira y las ganas de salir corriendo y no volver más. La esperanza se va conmigo e inconscientemente en otro intento de mejora vuelve a renacer y es como si nuevamente volviera a comenzar… y a terminar.

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